jueves, 12 de enero de 2012

BOR

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En la mitología germánica Bor era padre de Odín, Vili y Ve, los dioses que crearon el mundo y a la humanidad. Su nombre significa “nacido”.

         En el principio el cosmos sólo tenía dos partes: Muspellheim (“la tierra de los gigantes del fuego”) al sur y Niflheim, una brumosa tierra de nieve y hielo situada al norte. Entre ambas se extendía la nada, el inmenso vacío de Ginnungagap.

Con el paso del tiempo, el aire tibio que soplaba de Muspellheim se topó con el frío que salía de los glaciares de Niflheim y formó en el vacío un mar de lluvia y de nieve derretida. De esas aguas tibias emergió el primer ser vivo, un inmenso gigante llamado Ymir.

Ymir hizo crecer bajo su brazo izquierdo al primer hombre ya la primera mujer, gigantes, al tiempo que de sus piernas surgía la familia de gigantes de la escarcha. Ymir también cuidó de la vaca primitiva Audumla (la alimentadora), cuya leche lo sustentaba. Audumla se puso a lamer los bloques de hielo y al principio del primer día apareció una cabellera de hombre en el sitio por el que había pasado la lengua. Al segundo día salió una cabeza humana y al tercero un hombre completo: Buri (“el nacido”).

Buri tuvo un hijo llamado Bor, que se casó con Bresla, hija de los gigantes de la escarcha. La pareja tuvo tres hijos: Odín, dios de la guerra, la magia, la inspiración y los muertos; sus hermanos pequeños fueron Vili y Ve, que asumieron los deberes y privilegios de Odín cada vez que sus vagabundeos se convirtieron en una ausencia prolongada.

         Los semigigantes declararon inmediatamente la guerra a los gigantes. En primer lugar, mataron a Ymir. El torrente de sangre que brotó de su cuerpo ahogó a todos los gigantes salvo a Bergelmir y a su esposa.

         El diluvio inundó Ginnungagap y dejó lo suficiente para formar el mar y los lagos. A partir del cuerpo de Ymir, los hijos de Bor crearon el mundo llamado Midgard (“región media”), que incluía Mannheim (“la tierra de los hombres”). La carne de Ymir se convirtió en el suelo; su sangre en los mares y océanos; sus huesos en las montañas, valles y colinas; sus cabellos en la vegetación de la tierra; sus cejas en un muro alrededor del inhabitable exterior, su dentadura y su mandíbula en rocas y acantilados; su cráneo en el cielo y del resto de su cerebro surgieron las nubes. El cráneo (la bóveda celeste) era sostenido por cuatro enanos: Nordi, Sudri, Austri y Vestir (los cuatro puntos cardinales), más que por una única figura sobrenatural como el gigante griego Atlas. Midgard quedaba protegida de los demás gigantes por una muralla formada con las cejas de Ymir.

Solo faltaba la iluminación de ese espacio. Mediante fuego y calor de Muspelheim, los dioses formaron las estrellas, la Luna y el Sol. También crearon dos carros para que ambos recorrieran el firmamento. Para conducirlos, se eligió a una pareja de hermanos, descendientes de los Aesir: Mani (Luna) y Sunna (Sol). En el mundo nórdico, el Sol es femenino, y la Luna, masculina.

Mani tenía dos ayudantes, Hjuki y Bil, hijos de Vidfin. La Luna los robó de la Tierra. Ellos simbolizan la luna menguante y creciente.

Por otro lado, el gigante Norvi tuvo una hija, a la que llamó Nott (la noche), muy oscura. Esta se casó en tres ocasiones y tuvo varios hijos. Con Dellinger, el dios de la aurora, pariente de Odín, tuvo al bello Dag (el día).

Odín, Vili y Ve regalaron a Nott y a Dag un caballo para que recorrieran el cielo. El de Nott era Hrimfaxi, de cuyas crines caían las gotas del rocío sobre la tierra. El caballo de Dag era Skinfaxi; su crin dorada era tan brillante que iluminaba la tierra.

Los responsables de las estaciones eran dos dioses conocidos como Invierno y Verano. El primero era un dios huraño. Por el contrario, Verano era un dios amable. El viento era creado por las alas de un gigante en forma de águila que vivía al norte del mundo; se llamaba Hraesvelg.

La humanidad fue creada a partir de dos árboles situados a la orilla del mar o de dos leños de madera flotante, tallados hasta darle forma. A continuación cada uno de los hijos de Bor dio ciertos dones a la humanidad: Odín los dotó de alma; Vili les dio comprensión y emociones, y Ve los sentidos y la forma.

         Los enanos surgieron de los gusanos del cadáver de Ymir. Los hijos de Bor se dieron por satisfechos con que se diseminaran bajo tierra, del mismo modo que permitieron que la humanidad se reprodujera en la superficie de la tierra. Como residencia, los hijos de Bor construyeron Asgard, la ciudad de los dioses.

         Se dice que cuando estos dioses desean visitar nuestro mundo, descienden por Bifrost (arco iris), el puente que construyeron para unir Asgard y Midgard, el mismo que usan las almas vikingas para ascender, cuando mueren.

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