sábado, 11 de febrero de 2012

LOS DIOSES SOLARES

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La historia del Dios Sol contenida en casi todas las religiones anteriores al cristianismo es básicamente la siguiente: su vida queda enmarcada dentro de los 6 primeros meses del año solar, quedando los 6 restantes dedicados a la protección general. Su nacimiento se produce siempre en el Solsticio de Invierno, en la madrugada del día 25 de diciembre, cuando el signo de Virgo asciende en el horizonte (ascendente horoscópico), por lo que nace siempre de una virgen que ya lo era antes del parto y permanece inmutable después de él.

clip_image004El Dios Sol viene a la vida débil, como un niño, en los días más cortos del año y cuando las tinieblas de la noche amenazan su tierna infancia. El dominio de las tinieblas supera al suyo en los primeros días, pero aún así consigue vencer todos los peligros y su reino de luz va ganando espacio progresivamente hasta que llegado el Equinoccio de la Primavera, lo que supone la igualdad de las horas de luz y de tinieblas, traspasa, cruza (la crucifixión) la barrera y comienza el dominio del reino de la luz, elevándose cada vez más, triunfante y glorioso –asciende a los cielos- y maduran el grano y el racimo con su substancia, que después entrega a sus adoradores. El Dios Solar nace siempre en el Solsticio de Invierno –posición fija del Sol- y muere en el Equinoccio de Primavera –fecha variable, pues depende de la posición relativa del Sol y de la Luna-, aspecto éste impropio si se tratase de fijar un hecho histórico; muy natural, sin embargo, si se pretende localizar un acontecimiento solar que nada tiene que ver con la historia del hombre. Tales sucesos están repetidos en la vida de varios dioses solares que precedieron a Cristo. Y, al igual que a María, se le reconocía por ejemplo a Isis ser en Egipto: Reina del Cielo, Madre de Dios o Nuestra Señora Inmaculada, y se le representaba de pie sobre media luna, coronada de estrellas y amamantando a su hijo Horus. Esta misma estampa se repite con Devaki y su hijo Krisna, y con Ishtar de Babilonia y su hijo Tammuz.

Mitra, Horus, Krisna, Tammuz, Zaratustra y otros más tuvieron al igual que Jesús, un nacimiento divino. Entre los pueblos influidos por la cultura céltica, actualmente se encienden hogueras el 25 de diciembre en honor a Cristo, pero, con anterioridad, los celtas ya lo hacían en honor a Baal, el Dios Sol, y en la misma fecha.

clip_image006El mundo cristiano ha hecho, por su parte, ciertas incorporaciones simbólicas a su doctrina, que se enmarcan claramente en el concepto solar de la Emanación Crística. Merece la pena destacar la situación cronológica de la festividad de la Candelaria –día 2 de febrero- exactamente dispuesta en el punto medio entre el Solsticio y el Equinoccio y cuya celebración consistía –hoy no tanto- en encender lámparas con una clara intención simbólica de apoyo al triunfo de la Luz. En ese momento, el triunfo de la Luz es, más que una promesa, una realidad temprana.

Seguidamente, el comienzo de la Cuaresma, con la imposición de una dieta estricta, trata igualmente de debilitar el cuerpo (cuerpo = pasiones = tinieblas) favoreciendo el triunfo de la espiritualidad.